Se mide al final del día, cuando el pie está más expandido. Se apoya el talón contra una pared, se marca dónde termina el dedo más largo y se repite con el otro pie, porque casi nunca miden igual. El largo y el ancho se comparan con la tabla de la guía antes de mirar cualquier ficha. Si un pie queda justo entre dos talles, la recomendación general es no forzar el más chico.